Escrit per: MagradaTot
1375 paraules
En la fecha que publico esto (no sé si cuando tú lo leas) tengo puesto en mi perfil que por el momento no quiero tener contactos con tipos de esta web porque estoy harto de que me hagan perder el tiempo con sus indecisiones o falsas intenciones, que cancelen en el último momento las citas sin motivos creíbles o que, una vez acordada la cita, no se presenten ni avisen, ni digan nada y me bloqueen aquí y en WhatsApp. Como he dicho tantas veces, son tíos que teclean con una mano mientras se pajean con la otra y no tienen ganas reales de quedar. Me costará mucho recuperar la confianza en usuarios de Xtudr.
Por otra parte tengo un sumiso que cada 15 días se pone a mi disposición para que juegue con él, le obligue a comer polla (¡qué bien lo hace el cabrón!), lo ate, lo azote, le meta sus sondas uretrales, le clave sus agujas en pezones y genitales, le meta en el culo dildos progresivamente más gruesos y finalmente me lo folle duro en cualquier lugar y postura que se me ocurra. Y el tipo disfruta de lo lindo yéndose, además, con sus huevos vaciados.
Pero aparte de ese encuentro quincenal y de esa autoprohibición de contactos en esta web (no estoy en ninguna otra aplicación similar) hay momentos en que el morbo me vence y siento la necesidad de estar con hombres, de exhibirme desnudo, de tocar otros cuerpos masculinos, ...
Habitualmente no hago nada, pero el pasado domingo por la noche sucumbí y fui a la sauna Condal. Hacía tiempo que no iba y no conocía cómo había quedado tras la renovación. Sigue igual de laberíntica, o quizás aun más.
Decidí comenzar a recorrerla desde arriba para luego ir bajando.
En el penúltimo piso vi que un tipo estaba tumbado sobre la cama de una cabina con la puerta abierta, él panza abajo, desnudo y con la toalla cubriéndole la cabeza. Pensé que quizás estaba esperando a alguien en concreto con quien hubiese quedado, de modo que di una vuelta por la planta y al volver a pasar por esa cabina él estaba de la misma manera. Entré y sin decir nada empecé a acariciarlo suavemente por la espalda, las nalgas y las piernas. Estuve así un buen rato con mis manos arriba y abajo sobre su cuerpo, en silencio. Le separé un poco más las piernas y le acaricié y pellizqué los testículos. Gimió. Le acaricié el pene girando repetidamente mis dedos alrededor de su glande, que se iba autolubricando y creciendo, gimió y se puso un poco de lado para hacer sus genitales más accesibles. Acerqué mi boca a su pene y lo cubrí con mi boca, mis labios y mi lengua. Gemía más y más, quiero suponer que de placer. Otros hombres fueron acudiendo y se pusieron a tocarle. Me despedí de él y lo dejé con esa otra gente. Yo ya había cumplido mi misión y mi deseo.
Continué subiendo y llegué a la sala de BDSM de la última planta. Inicialmente no se ve ni torta hasta que la vista se acostumbra a la oscuridad. Vislumbré que un tip...