Escrit per: MorbosoFistPies
1250 paraules
- Llega tarde, no me gusta que me hagan esperar - me dijo serio detrás de la mesa de su despacho con una voz grave y profunda.
- Lo siento señor, hubo una avería en el metro – le dije todavía resoplando y sin casi aliento por las prisas ya que había llegado corriendo media hora tarde.
Tenía una entrevista de trabajo a última hora de la jornada laboral. Una multinacional me había preparado una entrevista con el director de ventas en España. Desafortunadamente el metro se había estropeado y, aunque había corrido para ser puntual, no lo había conseguido. Estaba todo sudoroso y resoplando.
La chica del mostrador de la entrada al edificio me había avisado de que, a pesar de llegar tarde, el director de ventas, Andrés, con un apellido vasco, me estaba esperando para la entrevista. Y que la mayoría de la gente ya habían acabado su jornada laboral. Así que no habría casi nadie en el edificio.
Mi mano desapareció en la suya cuando me la apretó al saludarme, su manaza carnosa y dura rodeó por completo la mía en un apretón vigoroso, masculino. Después de revisar mi CV punto a punto, discutir mi experiencia y mirarme de arriba abajo. Se levantó de la mesa. Era un hombre imponente, debía medir dos metros y debía tener unos 45 años. Tenía el pelo oscuro muy bien cortado y muy bien peinado y una barba muy cerrada, muy poblada, dura, muy viril y la vez cuidada. Estaba vestido con traje azul oscuro y una corbata granate, parecía un traje hecho a medida de su físico imponente, de su espalda ancha y sus hombros que parecían haber sido trabajados en el gimnasio o con años de natación. Miró atentamente a su alrededor, ya que el despacho en el que nos encontrábamos tenía las típicas paredes traslúcidas. ¿Por qué había hecho eso?¿Para asegurarse de que estábamos solos?
Acto seguido se aflojó la corbata mientras me sostuvo la mirada un buen rato, sus ojos oscuros me atravesaban de una manera que me asustaba pero que a la vez me excitó como nunca antes. Me miraba de una manera muy autoritaria, muy seguro de sí mismo, pero también con mucha intensidad sexual. Me hizo sentir como una pequeña presa a merced de un imponente cazador antes de ser violada y destruída. Mi polla pegó un brinco dentro de mis boxers activada como un resorte. Y noté como a los tres segundos una buena gota de preseminal salía de mi uretra y llenaba de humedad mi entrepierna. Fui el primer sorprendido, no me lo podía creer, estaba muy desconcertado. Me vino a la memoria la primera vez, cuando era adolescente, tuve mi primera erección, se me puso tan dura que parecía que no iba a bajar nunca.
- ¿Está usted casado?, señor… - Levantó mi CV para comprobar mi apellido – Martínez – añadió.
- Sss, si señor – contesté, todavía desconcertado
- ¿Se encuentra bien? Parece usted preocupado por algo.
- Nnno no señor, estoy bien – Acerté a contestar a duras penas en un hilo de voz.
Ha...