Escrit per: humillable
760 paraules
Advertencia previa a la lectura: este relato tiene pinceladas escatológicas.
Me levanté temprano para salir a correr un rato. Bueno, esa era la excusa para "liberarme" de la família. Soy muy deportista y el running forma parte de mi entrenamiento habitual.
No tuve mucho tiempo para prepararme: las paredes del apartamento dónde estábamos alojados con mi família dejaban poco margen a la intimidad. Así que lavé mi ano tan bien cómo pude en esas condiciones.
Al llegar a la calle mandé un mensaje a mi Amo ocasional, mi pulso se aceleró y mi polla se puso dura. La sentía caliente bajo las mallas de running.
Empecé a correr, a esa hora el aire aún era fresco. En poco tiempo llegaría al camping donde estaba alojado mi Amo.
Nos habíamos ciberconocido un par de días antes y los dos teníamos claro lo que deseábamos.
Al llegar accedí al interior. El ambiente era tranquilo, típico de una mañana veraniega. Busqué su bungalow y enseguida vi la puerta entreabierta.
El procedimiento era claro: al acceder al interior, cerraría la puerta, me desnudaría, me pondría a 4 patas y diría: "Estoy listo, mi Amo".
Crucé el pequeño porche que daba acceso al interior del bungalow y cerré la puerta. No había nadie.
¿No me habré equivocado de bungalow? Pensé en mis adentros, pero no había margen al error.
Me saqué la poca ropa que llevaba: camiseta, mallas y calcetines.
- Estoy listo, mi Amo.
Al decirlo, se abrió la puerta de la habitación contigua y escuché:
- Hola puta.
Su mano me agarró con fuerza los testículos y me ordenó silencio máximo.
Acto seguido, se puso frente a mi y sin casi descubrir su rostro, su cuerpo, su olor... me dijo:
- Haz tu trabajo, zorra.
Su polla flácida tocaba mi nariz. Abri la boca, saqué la lengua y utilicé mis mejores habilidades para conseguir ponerla en forma.
Pronto llegó el resultado en forma de erección.
- Basta, zorra. Ahora te toca poner el culo.
Yo estaba absolutamente deseoso. Mi Amo se puso detrás mio, palpó con sus dedos mi ano y se puso a reír levemente. Me puso un collar de perro, sujetando la correa que tiraba de él y obligandome a tener el culo en pompa.
Seguidamente, empujó su polla violentamente hacia la entrada de mi recto. Éste, a pesar de no estar lubricado, cedió y dejó entrar toda su polla hasta el fondo. Un dolor horrible no me dejó contener un grito e intenté escapar, pero un tirón de la correa me hizo volver a "mi sitio".
- Calla zorra, que para ésto has venido.
Y sí, era verdad. Estaba allí para poner el culo y dar placer. Así que cerré los ojos, apreté los dientes e intenté canalizar el dolor. Fueron unos segundos muy intensos dónde la temperatura de mi cuerpo subió exponencialmente. Pero el dolor termin...