Escrit per: amomadrid8
3013 paraules
Jueves 18 de septiembre. 0,50 horas.
Jorge sintió un chorro de semen mojarle desde dentro del pantalón; se había corrido. A la vez una sensación de vergüenza le dio una dolorosa punzada, pero la descartó de inmediato. No se quería arrepentir. Se quitó zapatos, pantalones y calzoncillos y los dejó por cualquier lado; se aseó los genitales en el baño, dotado de un espectacular bidet, y se puso ropa interior limpia.
Bien mirado la situación era envidiable: un chico de ensueño era su esclavo, no solo su esclavo sexual, sino su esclavo absoluto, (aunque claro, realmente es el sexo y no otra cosa lo que le importaba a Jorge en ese momento), tenía una cama y toda la noche para divertirse, o mejor sería decir para gozar. La vida se lo debía. El asunto de la herencia posiblemente era un fraude, de acuerdo, pero ese chico estaba ahí, ahí, y era suyo durante una noche. Todo perfecto.
En ese momento lo asaltó una duda horrible… ¿y si el chico y los demás estaban conchabados? Ay, cuanto más lo pensaba mejor encajaban las cosas. Sería muy fácil fingir para Álex, después de todo ¿qué había hecho con él? Incluso al principio podía ser todo verdad pero tal vez cuando se marchó con los dos gorilas y se separaron mediante promesas o con amenazas le dijeran lo que tenía que hacer para llevar el engaño adelante. Mucho amo, mucho fingir apuro, mucho soma pero ¿y si era todo una engañifa? ¿Y si no hubo pinchazos de drogas ni nada de nada? Tal vez tiene todo relación, de algún modo quieren que se quede en el país para liarlo, para robarle… ¿pero robarle qué? ¿tantas personas, tantos gastos para un engaño de unos miles de euros? ¿una conspiración gigante al estilo “El show de Truman” para eso? Hasta se le ocurrió que por alguna razón querían tenerlo de rehén o de cebo en algún ardid diplomático en el que la pieza de caza no era él, sino Miguel Ángel, su amigo el cónsul. Todo esto pasó en un instante por su cabeza gracias a que el calentón que llevaba desde por la mañana se había rebajado con la corrida… sí… y qué corrida: una de las más intensas de su vida, eso ya no se lo quitaba nadie. Solo recordarlo le devolvía las ganas de follar. Follar… claro, esa podía ser la prueba; una cosa es dejarse sobar un poco, y otra dar servicios sexuales de primera clase. Y eso es lo que iba a comprobar, faltaría más.
Recuperó el control de sí mismo, se sentía bien. Veía a unos metros la espalda triangular de Álex y su culo perfecto. Si entrecerraba los ojos podía casi suponer que estaba desnudo, y si realmente las cosas eran ciertas pronto lo iba a ver así con los ojos bien abiertos. Después de pensar un poco decidió que quería estar cómodo, y eso significaba ponerse el pijama. Se quitó toda la ropa, incluyendo el calzoncillo limpio que se acababa de poner, y se embutió en las dos piezas del pijama, que era bastante ceñido y por supuesto de manga corta. Así pertrechado de...