Escrit per: CUBASTURIAS
1461 paraules
Sergio tenía 30 años, era alto, de ojos verdes, pelo ondulado castaño claro, musculado sin llegar a ser culturista, de piel suave muy blanca y totalmente depilado. Era muy guapo, sin ser especialmente masculino, no tenía plumas, su andar y su comportamiento era de un hombre “normal”, común.
Sin embargo no siempre había sido así. Cuando tenía 10-12 años era un niño “gordito” y cuando tenía 12 años sufrió algo de bullying en el colegio. Nada importarte, pero un día, y por la confianza que tenía con su padre, se lo comenta, le dice que le decían “gordo” en la escuela. A éste le pareció que su hijo lo estaba llevando sin mucho trauma, sin mucho problema, pero unos días después habló con un amigo y éste le aconsejó que llevara al chico a las piscinas del polideportivo local. Le dijo que conocía a un monitor, José, que además de enseñar a nadar y establecer esquemas progresivos, sabía tratar a los chicos sobrepeso, estimularlos y ayudarlos también psíquicamente.
Y así fue. El padre llevó a su hijo personalmente al polideportivo y habló con el monitor, que le dio una impresión muy positiva. Sergio comenzó a ir tres días por semana a las piscinas. Enseguida se sintió muy a gusto y poco a poco fue tomando a José como referencia, a admirarlo cada vez más, a sentirlo como un patrón a imitar. Por propia decisión, Sergio comenzó a ir a diario y la confianza entre ambos aumentó día tras día, conversaban mucho. José se interesaba por las preocupaciones de Sergio y un día, hablando de cómo iba progresando, le sugirió que debería, además de nadar, hacer gimnasia y que, para empezar, quería prestarle una atención personalizada, para lo cual era mejor que acudiera más tarde, una hora antes de cerrar cuando había menos gente.
El cuerpo de Sergio cambiaba muy rápidamente, en parte por los ejercicios que hacía pero también porque coincidió que ya entraba en el “estirón” de la adolescencia. Eso le hacía sentir mejor consigo mismo y a la vez encumbrar a José. Un día ya al cerrar, estaban los dos cambiándose en los vestuarios y Sergio, al ver totalmente desnudo al monitor, pudo verle la polla. Se asombró enormemente y no pudo apartar la vista.
• José: “¿Qué te pasa Sergio? Te has quedado como paralizado”
• Sergio (rojo como un tomate): “Es que…”
• José: “¿Es que qué? Dime lo que sea, soy tu amigo, no sólo tu monitor”
• Sergio (tartamudeando): “Es que vi tu polla… es muy grande… nada que ver con la mía”
• José (riendo): “¡Ah, es eso!... no te preocupes, aún te crecerá”
Ahora Sergio tenía 14 años y llevaba aproximadamente un año pajeándose. Al hacerlo se centraba en el placer que sentía físicamente, no le llegaban muchas imágenes concretas a la mente, pero cuando le llegaban, en ellas aparecía su ídolo. Y ese día en que le vio la polla al monitor se hizo una paja pensando en José con la p...