Escrit per: globalmind
1005 paraules
45 Años cumplí ayer. Todos en mi familia y amigos saben que soy gay, tengo novio hace 8 años y soy percibido generalmente como un hombre serio, responsable, respetable, digno, masculino, culto. Mi novio, sabe que no siempre soy ni respetable, ni digno, ni masculino.
Cuando pienso en mi padre y lo que él siempre ha querido e imaginado de mi, siento un deseo incontenible de ser todo lo contrario. Si mi padre me quiere y me imagina digno hablándole a un grupo de personas, yo me deseo tirado en el piso siendo humillado por hombres. Si mi padre me quiere e imagina dando un discurso para compartir mis conocimientos, yo deseo no poder hablar porque me han metido una verga en la boca y me han dicho "cállate perra" o cualquiera de esas frases que durante décadas ya, se han ido instaurando en mi cerebro. Frases pronunciadas siempre por hombres excitados sexualmente, exudando testosterona, sintiendo la necesidad de expulsar su semen después de haberse sentido machos, superiores, fuertes, después de haber sido servidos; frases que encajan en mi psiquis como piezas de rompecabezas. De hecho, dependiendo de la fortaleza y virilidad en los mensajes, se moldea la recepción de mi mente y así, entre más fuerte y dominante se muestre el hombre, mi cerebro se adapta al contrario para ser lo suficientemente débil para recibir la información, para aceptar ser humillado y menospreciado por todo aquello que mi familia y algunos amigos conocen de mi. Al estar en presencia de un hombre de esos que se saben superiores, nada de lo valioso que hay en mi resalta, en cambio, surge el deseo de servir, de entregarme, de enfocar mi mente y mi cuerpo para el placer del otro.
Hubo un tiempo en que al relacionarme con hombres homosexuales, siempre buscaba y exigía respeto, consideración y un trato amable, exigía que se reconociera mi dignidad. Casi siempre conocía hombres por redes sociales y tenía citas normales, a veces terminando con sexo pero siempre dejando un sinsabor al final, nunca sintiéndome plenamente satisfecho, intelectual y sexualmente hablando aunque hubiera tenido conversaciones muy interesantes y aunque el sexo haya sido placentero. Siempre sentía que había algo que faltaba, algo que me faltaba.
Un día me cité con un hombre en un bar del centro pero él nunca llegó, esperé una media hora. Cuando iba saliendo del bar, vi un folleto pequeño, sobre otros iguales, metidos todos en una caja de madera con un aviso que decía: "Gratis. Lleva 1". Así es que lo tomé y lo metí en un bolsillo del pantalón. Pensé en ir a casa después de la cita fallida pero compré un café negro en la calle y me senté en una banca. Al sentarme se arrugó el folleto en el bolsillo del pantalón, lo saqué y empecé a hojearlo. Era publicidad de distintos lugares para homosexuales, muchos de ellos claramente enfocados en encuentros sexuales. Yo sabía de la existencia de estos lugares, saunas, cabinas de internet con gloryh...