Escrit per: Marvinway
1557 paraules
Para perfeccionar idiomas, deportes y otras habilidades, acabé durante un tiempo en uno de los centros académicos mixtos más elitistas. Está fuera de la jurisdicción y, por tanto, admitían e incluso exigían disciplina física. Al entrar firmabas un sinfín de papeles, entre ellos, permanecer un mínimo de tres meses, en caso contrario estabas obligado a pagar un pastizal al alcance de casi nadie. Allí, aparte de profesores y director, estaban los "prefectos", alumnos de cursos superiores o que simplemente por poder adquisitivo u otras prebendas, aunque podían ser castigados por superiores, también podían aplicar castigos a alumnos de rango inferior y recién llegados. Uno de esos "prefectos" que te tocaban a modo de "tutor" era Mateo, un chico alto, carismático y muy atractivo que acabaría siendo un auténtico cabrón, tras esa amabilidad y simpatía que parecía desprender. Era prefecto y me tocó de tutor personal. No era un cachas musculado, pero sí alto, tenía carácter fuerte y aunque delgado, era puro nervio cuando se trataba de darle a alguien su merecido. Al mismo tiempo, era un tipo leído, culto, inteligente, pero con una mente sucia y pervertida que era imposible imaginar ante su imagen de chico encantador, educado, amable que parecía aparentemente todo simpatía.
Al poco de llegar me tendieron una trampa y escondieron dos o tres botellas de alcohol en mi cama, algo que estaba totalmente prohibido por las normas. Cuando Mateo me manda ir al cuarto y levantar el colchón, allí aparecen esas botellas, y me cita por la tarde en una especie de auditorio o aulario, una sala de castigos a la que pueden asistir otros alumnos a presenciarlo.
Una vez allí, me ordena desnudarme, coge una silla, me pone sobre sus rodillas y empieza a darme azotes muy fuertes con la mano que va espaciando en tandas para que los note más. Así estoy. Lleno de vergüenza, con gente mirando y asistiendo a cómo el guapísimo Mateo me deja el culo como un tomate. Luego me ordena reclinarme sobre una mesa grande, con los brazos estirados y el culo expuesto, entonces él coge un cinturón y me dice:
"Van a ser 30 azotes. Si te cubres, los duplico, si no contabilizas y das gracias por cada uno de ellos, comienzo de nuevo".
Y así estuvo dándome esa treintena de cinturonazos que dejaron franjas rojizas bien visibles de izquierda a derecha que cruzaban mi culo expuesto. Cuando finalizó, mandó a los demás que desalojaran esa aula. Y a mí me dijo: Quédate frente a la pared 1 hora y luego ve a tu cuarto.
Por la noche, mientras dormía, Mateo entró en mi cuarto, me destapó, me bajó los boxer (dormíamos en calzoncillos) y yo, intentando impedirlo, le dije: ¿Qué haces?
Y él me respondió susurrando: "Tranquilo, relaja el culete. Lo siento, tío, hoy tuve que castigarte, pero si ahora te portas bien y me dejas hacer, te libraré del próximo castigo, venga, relaja y abre el culo..."...