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Ahmed, aunque sabe hablar español perfectamente, es un macho árabe originario de un país de oriente medio extremadamente machista, y más en concreto de una comarca de ese país más machista todavía si cabe. Allí las mujeres son consideradas seres muy inferiores al hombre, al macho, y no tienen derechos de ningún tipo. Cuando se casan no pueden hablar cuando están delante de su marido, para no molestarlo u ofenderlo. Solo pueden hablar cuando el marido les pregunte algo. Por respeto hacia él, no le pueden mirar a la cara o a los ojos, salvo que él se lo permita. Deben mirar hacia el suelo, en señal de humildad y sumisión. Son consideradas como meros objetos propiedad del marido. El marido tiene derecho a pegar y a castigar a su mujer todo lo que él quiera y en las bodas que se celebran en esa comarca se regala siempre al novio una vara o una fusta, como símbolo del deber del hombre de castigar a su mujer cuando el quiera para corregirla o por simple placer. En el ritual de boda, cuando se le entrega la vara o fusta al novio, elegantemente vestido con un pantalón de seda muy ajustado, éste debe empezar a administrar fustazos a la novia que estará de rodillas ante él, simbolizando su sumisión. Solo cuando el novio experimente una erección por la administración del castigo, visible a través de la ajustada tela del pantalón de seda, se considerará que puede ser un marido válido, y entonces la ceremonia concluye. Los hombres de esa comarca son muy machistas y todos se casan cumpliendo sobradamente con ese ritual. Cuando en esa comarca se detecta que algún chico no tiene una expresión varonil o es afeminado y es pasivo, la comunidad pasa automáticamente a considerarlo como un ser inferior, como si fuera una mujer, y se le privan de todos sus derechos como hombre, pues goza cuando es penetrado por el ano, goza cuando es penetrado como si fuera una hembra. Pasa a ser el siervo de un macho que se convierte en su amo y señor y que lo va a tratar como en esa comarca tratan los maridos a sus mujeres. Incluso existe una palabra para denominar a tales chicos: “shalsaha”. Algunas veces los siervos “shalsaha” que pasan al servicio de un macho pueden ser extremadamente jóvenes. La comunidad considera que los amos pueden follarse a sus siervos “shalsaha” cuantas veces quieran y que éstos deben chupar la polla de sus amos con total reverencia cuando los amos se lo ordenen. Estos amos son tratados con respeto y consideración por la comunidad, pues ellos cumplen con su condición de varón, de macho; son los que penetran, los que follan, son machos activos. Por supuesto “shalsaha” es el insulto más grave que se le puede dirigir a un hombre en esa comarca; es indicativo de la inferioridad más absoluta, de ser un paria. Ahmed, en su machismo sin límites, considera que todas las sociedades debieran de ser igual de machistas, que ese es el orden natural y lógico. Recuerdo una vez que Ahmed me estaba follando. Yo oía su...