Escrit per: menosuno
638 paraules
Escuchando: I wanna be your dog - The Stooges - 1969
Dentro de mi recto, el vibrador no dejaba de moverse, provocando un terremoto en mis entrañas. El temblor me molestaba y me daba gusto a la vez, y eso me excitaba muchísimo. Mi ridículo miembro viril crecía en su jaula y eso me dolía y vuelta a empezar. Me quedé paralizado, mirando al macho que justo antes me había pegado.
-”¿Qué miras, gilipollas, es que quieres que te reviente la cara a hostias?”
-”Perdón, señor, es que creo que mi amo me está llamando”
-”Pues ya te estás pirando a que te dé por culo, maricón!!”
-”Si, señor, gracias, señor…”
Retrocedí tan deprisa como me lo permitía el andar a gatas y me crucé con Xumina, que venía en sentido contrario. -”Me está llamando, me vuelvo al reservado” -le expliqué. -”Si? Pues a nosotras todavía no… qué raro!!”. -”Hasta luego”. Y volví a corretear por el pasillo para acudir a la llamada de mi amo. El vibrador no dejaba de torturarme, rugía en mi interior.
Un par de minutos más tarde alcancé la puerta de la sala, descorrí la cortina y me presenté ante mi amo como pensé que le gustaría: Cabeza gacha, pompis erguido, lengua afuera dispuesta a lamer sus botas.
-”Muy bien, Chochi, has sido una buena perrita!!” dijo el dueño de mi corazón y del mando a distancia. “Chochi, ya hemos resuelto unos negocios que teníamos que resolver y ahora, cariño, vamos a usarte un rato. Y cuando digo vamos quiero decir Don Andrés y yo. Don Roberto ya te ha disfrutado antes, ahora solo podrá mirar y, en compensación, Don Andrés le cede luego a Xumina. Está todo negociado, como ves”.
Yo no podía creer que sus pactos de caballeros trataran únicamente sobre quien se follaba a cual, sospechaba que por medio había negocios serios de dinero. Callé, asentí con la cabeza y mi amo detuvo el vibrador. Luego me lo sacó tirando por la colita y haciendo fuerza yo con el esfínter. ¡Qué descanso!!. Entonces me colocaron sobre uno de los futones y siempre a cuatro patas. El baile comenzó con D.Carlos jodiendo mi culo con suavidad, y D.Andrés follándome la boca. Tenía una polla muy grande y jugosa, alcanzando el final de mi garganta hasta ocasionarme abundantes babas y arcadas que apenas podía reprimir. Me decía -”¡¡Mírame, mírameee!!”, yo le miraba como podía con ojos llorosos y él me abofeteaba con fuerza.
Cuando estuvo cerca del orgasmo, decidió retrasarlo y solicitó a D.Carlos un cambio de puesto. Mi boca descansó, mamando relajadamente la polla que adoraba, pero mi culo empezó a sufrir las embestidas del atlético señor. Dolía. Como fuera, la escena pareció gustarle a mi dueño, que se pajeó un poco frente a mi cara y, con un gruñido de placer, derramó un hermoso caudal de semen sobre mi frente, mi nariz, mis mejillas. Luego me la volvió a meter en la boca y lanzo un segundo ...