Escrito por: Zumi62
1936 palabras
Todo planeado, las seis de la tarde y prometiéndomelas muy felices.
Llego primero David, amo joven, rubio de ojos azules, con aspecto de niñato malo. Se presento vestido un poco macarra, pero bien, camiseta ajustada que dejaba admirar un torso musculoso, marcado y currado en el gimnasio. Un pantalón vaquero ajustado (es un misterio como consigue ponérselo) con algunos rotos e igual que la camiseta dejaba admirar unos muslos bien torneados y un paquete que dejaba poco margen a la imaginación. Si le añadimos unas zapas muy curradas y bastante mugrientas, el resultado es un Tom de Finlandia rubio, en fin, por ponerle algún “pero”, le falta un poco de peso.
Charlamos de tonterías, se intereso por cuantos amos me habían usado últimamente, y le serví una cerveza. Sabía que Abel, mi veterano maestro no tardaría en llegar, y así fue, escuchamos que se abría la cancela de entrada a mi casa y en unos segundos estaba ante nosotros Abel.
Vestido bastante clásico, pero informal, pantalón chino, camisa holgada por fuera del pantalón y las botas de senderismo. Su imagen, completada con el casco de la moto que llevaba en la mano, rubio rapado y la perilla ya canosa, que se había dejado crecer, todo ello junto, me hizo sentir un hormigueo muy excitante en mis partes.
David se levanto para saludar a Abel. Note que se medían e inmediatamente se pudo notar en el ambiente una corriente de complicidad amistosa. Respire profundo, esto prometía.
Les serví otras cervezas a los dos y cuando me iba a poner la mía, Abel me corto en seco.
- ¿Qué haces? Ahora somos dos para quitarte la sed! No te impacientes puta!
Se sonrieron entre ellos y era evidente que se iban a coordinar muy bien, para satisfacerse y a la vez ser generosos con su servil y guarro esclavo.
Abel: Desnúdate y acostúmbrate a recibirnos en bolas, vengamos juntos, por separado o con quien nos salga de los cojones traer para que te usen.
David sonreía y asentía. Intuí que había asumido el rol de amo aprendiz y que se proponía sacar buenas notas.
Obedecí, como no podía ser de otra forma y ya en bolas me puse de rodillas delante de ellos dos, dispuesto a dejar que empezaran a usarme como quisieran.
David a Abel: La puta tiene la boca muy seca. Debíamos de humedecérsela un poco para que pueda empezar a currar.
Abel: Abre la boca guarra que veremos quién de los dos tiene mejor puntería.
Abrí la boca e inmediatamente empezaron a caer dentro y fuera de mi boca escupitajos. Como no todos acertaban en la boca, tenía la cara llena y hasta me chorreaba por el pecho. Se chocaban las palmas, se reían, me sentía gratamente humillado.
David: Traga! que se está llenando esa boca de mierda. Y para ayudarme, me soltó un par de bofetadas, que hizo que empezara a tragar como la puta que soy.
Abel asentía riéndose y dirigiéndose a David… - joder, para ser tan joven, no te cortas. Me...