Written by: amomadrid8
1693 words
Álex colgaba inerte, su cuerpo desnudo y desprotegido. Konto bajó las luces del recinto y manipulando unos focos semejantes a los que se usan en el circo y algunos espectáculos los dirigió de modo que el esclavo encadenado recibía una luz intensa, casi irreal. La temperatura era agradablemente cálida, aunque posiblemente por efectos de los potentes focos fue subiendo un poco. Jorge podía ver perfectamente a Álex desde su sillón sobre la tarima, pero Konto se encargó de que su punto de vista fuese perfecto, y sin aparente esfuerzo empujó lentamente la base sobre la que se alzaba el sillón, deslizándola sobre el parqué, de modo que el sillón quedó emplazado a menos de dos metros del desdichado ruso.
—Con tu permiso, mi Amo —dijo mientras se esforzaba en que el desplazamiento fuera suave.
—Tráeme un wiski con hielo, esclavo —se le ocurrió pedir a Jorge, quien había reparado en que el sillón tenía una pequeña repisa dispuesta sin duda para poder apoyar una bebida.
Las primeras gotas de sudor empezaron a escurrirse por la piel de Álex y goteaban al suelo desde los pies; más adelante se formaría un buen charco.
—Álex, has sido mentiroso conmigo y no te ha importado ponerme en peligro con tal de salirte con la tuya. Me has engañado desde el principio, y eso merece un doloroso castigo.
—Sí, mi Amo, te pido perdón y que no tengas piedad conmigo —exclamó el esclavo con voz clara y potente.
—Voy a disfrutar con tu sufrimiento, esclavo. Te ordeno que aguantes las quejas todo lo que sea posible.
—Sí Amo, haré lo que pueda. Ojalá estos azotes te resulten placenteros, Amo.
—Veamos si vales tanto como dices, Kondo. Empieza de una vez.
El vilicus recordaba perfectamente que había de comenzar azotando el pecho. Se situó de modo que no estorbase la visión del amo, agitó el látigo en el aire y lo hizo restallar un par de veces. Seguía completamente desnudo.
—Obedezco, mi Amo.
Manejaba el látigo con evidente habilidad; hizo que el tercio final del mismo se clavara en la parte superior del torso de Álex, lacerando a la altura de ambos pezones. A pesar de lo que había ordenado Jorge, el esclavo dejó escapar un grito a todo pulmón.
(¡Sssss-cháááááás!)
—¡Aaaaaaaaaaah!
(¡Sssss-cháááááás!)
—¡Mmm! —gritó la segunda vez conteniendo mucho más el grito.
(¡Sssss-cháááááás!)
Los latigazos se sucedían inmisericordes, con un ritmo continuo, cubriendo poco a poco todas las zonas entre el ombligo y el cuello.
—Espera esclavo, bájalo para que pueda estar de pie, voy a acercarme a él.
Kondo bajó a Álex y este pudo quedar de pie, aunque sus brazos seguían en cruz. Jorge dio un sorbo a su wiski y se acercó al desgraciado; la piel tenía unos largos verdugones muy abultados que en algún punto casi querían sangrar, pero parecía bastante íntegra. Jorge acarició sin miramientos el hermos...