Escrito por: insideOut
2888 palabras
Y pasaron los días. Días de monotonía, de rutina, de casi olvidar mi primera morbosa vez teniendo sexo con extraños. En aquel momento era una bomba para mí, pero las forzosas obligaciones de las tareas diarias y la rutina distraen muchísimo la atención y ya casi había olvidado que tenía el contacto de un desconocido muy guapo y morboso, y cuando fugazmente lo había recordado tampoco había tenido la intención de decirle nada; no soy de molestar a nadie. Así que días después, cuando me encontraba relajado y tranquilo en casa, con la cabeza en asuntos menores, sonó mi móvil. Era un WhatsApp de Albert que llegó como una grata sorpresa.
- Hola Marcos. ¿Cómo has estado estos días?
- Bien, en casa, poca cosa. Por cierto, no he vuelto allí.
- Lo sé.
- Joder, sí que tienes control en la zona, ¿no? Jaja
- Ni te lo imaginas jajajaja -se le notaba un tono muy distendido, que contrastaba con el autoritarismo de la otra vez.
- Bueno y tú, ¿qué? ¿Qué me cuentas?
- Nada, ya te dije que nos íbamos a volver a ver.
- Es que antes pasaba mucho por allí por temas de trabajo, pero ya no y quizás va a ser más difícil.
- Pues tendrás que venir a propósito, entonces.
- Bueno, es una posibilidad.
- Quiero verte ya, y quiero que nos veamos en un piso que tengo cerca del polígono.
- Así de primeras igual me da corte.
- No pasa nada, confía en mí. Dime día.
- Bueno, vamos viendo, que no puedo escribir mucho ahora.
Obviamente no era cierto, pero no me apetecía quedar con un desconocido de un cruising en su casa. La experiencia había estado bien en terreno neutral, pero ya volvería al polígono cuando tuviese de nuevo el valor y las ganas. ¿Para qué me iba a complicar si ya había ido una vez de cancaneo y había perdido el miedo inicial? Así que la idea de tal situación fue descartada, no le di mayor importancia. Y pasaron los días y no volvimos a hablar… hasta que una tarde en casa viendo un vídeo porno durante una de mis pajas apareció un hombre grande, peludo, canoso y morboso que me recordó a él. La imagen de Albert, que yo encontraba infinitamente más atractiva que la del actor, aquella noche y sus palabras golpearon mi cabeza reviviendo sensaciones que subieron el calor que de por sí sentía en media paja. ¡Y cómo la disfruté! Pero… ¿y Albert? "Ummmm no ha contestado a mi último mensaje, ¿estará molesto?", y pese a que estaba seguro no pude evitar revisar de nuevo el chat. No, no había vuelto a decir nada. Así que… ¿Por qué no escribir y saludar? Aunque me apetecía volver de cruising, en realidad prefería volver a verle. "¡Hola Albert!", escribí. Pero pasaron las horas, pasaron los días, y no obtuve respuesta. Finalmente, tras seis largos días, un viernes por la tarde, cuando ya pensaba que no volvería a saber más de él, el teléfono sonó, ¡había contestado a mi mensaje!
- Hola Marcos. Espe...