Written by: CUBASTURIAS
1029 words
Leandro: El que sufre pacientemente
Adara: Belleza
Guillermo: Aquel con voluntad de proteger
Leandro se sentía satisfecho, cómodo, con la vida que llevaba. Sólo había tenido una experiencia homosexual cuando era un adolescente. Fue sólo por una puesta que perdió y que le hizo tener que pajear a dos de sus amigos. Eso, a pesar que en aquel momento le hizo sentir morbo, luego lo quiso borrar de su mente. Ahora estaba casado con Adara, una mujer hermosa y estaba muy orgulloso de tenerla. Cuando salían a la calle, presumía de llevarla del brazo. Vivía para ella, iba del trabajo a la casa y de la casa al trabajo. Los fines de semana siempre la llevaba de compras, la complacía en todos sus caprichos y luego la llevaba a comer o a cenar.
El matrimonio duró unos cinco años. Inesperadamente para él, un buen día ella le dijo “me voy, te dejo, he conocido un hombre que me hace sentir lo que tú nunca me has hecho sentir, entre otras cosas con mejor polla que tú, pero además sabe usarla muy bien y llevarme a tocar el cielo”. Eso fue como si le echaran un jarro de agua helada en la cabeza, ni lo esperaba ni le parecía que pudiera resistirlo. Inmediatamente cayó en una depresión profunda, vivía como si tuviera que arrastrar una losa muy pesada. Estaba más tiempo en el trabajo porque allí es donde único pensaba en otras cosas y lo peor para él eran los fines de semana, cuando sentía que se le hundía el techo, se le caía encima. Quedó reluctante a las mujeres y se juró no volver a tener ningún tipo de relación con ninguna. Se dijo a sí mismo eso de “buey solo bien se lame”, pero incluso se masturbaba poco.
Un buen día se encontró con su amigo Guillermo, quien le preguntó por cómo le iba, por su mujer, por su vida. Él le contó lo que le había pasado casi conteniéndose las lágrimas. Guillermo le pareció extremadamente cruel la forma que había empleado Adara para dejarlo y después de una larga conversación tratando de animarlo, le aconsejó que buscara algo que hacer, que se apuntara a un gimnasio. Le dijo que al otro día pasaría a recogerlo para ir juntos y así lo hizo. Luego estuvo yendo con él varias veces.
Leandro empezó a notar que le hacía bien el gimnasio y que luego era menos el tiempo solo en su casa, llegaba cenaba y poco después a la cama. Empezó a ir todos los días, su amigo Guillermo sólo iba dos veces por semana. Además estaba más tiempo, al final no tenía nada ninguna otra que hacer. Los fines de semana, también iba, pero además, se echaba más horas haciendo deporte. Con el pasar de las semanas no sólo era ocupar su tiempo sino que sin saberlo empezó a sentir el efecto de la dopamina, la serotonina y las endorfinas. Se sentía mejor y eso le hizo adicto al gimnasio. Su mundo se circunscribía casi a sólo trabajo y deporte.
Tres años más tarde estaba en los vestuarios del polideportivo y escucha que le hablan.
• Guillermo...