Escrito por: en_maletero
1051 palabras
-Podemos hacer dos cosas-dijo Héctor-: te desato, subes a casa y nos comemos estas hamburguesas, o no te desato, te subo a casa en estas condiciones y me como las dos hamburquesas mientras miras? Si quieres lo primero, levanta un dedo índice, si quieres lo segundo, levanta los dos.
Lucas se quedó pensando. Tenía mucha confianza en Héctor, sabía que no le pasaría nada malo, pero a la vez se sentía sobrepasado por la experiencia. Necesitaba hablar con él. ¿Estaba sintiendo la misma excitación que él? ¿Sería un error parar el juego en ese momento?
Héctor estaba expectante. Por un lado quería seguir con el juego, para él esta nueva experiencia de dominación le abría la mente y sus ganas de experimentar. Por otro, jamás había jugado a todo esto. ¿Y si Lucas no estaba a gusto? Desde que lo había encerrado no le había hecho ni la más mínima revisión. Esperó a que decidiera.
Tras unos segundos, Lucas decidió levantar dos dedo. Héctor sintió que estaba haciendo bien su trabajo.
-Veo que te gusta estar bien atado. Ten por seguro que lo vas a seguir estando.
Héctor desató la cuerda que unia las esposas al maletero, y lo mismo hizo con los tobillos, y lo sacó del maletero. Aun así, Lucas solo podía dar saltitos. A Héctor le encantó ver cómo su amigo era incapaz de avanzar. Le cogió como un saco de patatas y lo llevó directo al ascensor. Lucas estaba excitado, y temía que su erección fuera demasiado evidente en el hombro de su amigo.
Cuando llegaron a la puerta del ascensor Héctor dejó en el suelo al atado de Lucas. No tardó en abrirse las puertas.
-Entra-le dijo Héctor. Y, a saltitos, Lucas dio su mejor esfuerzo por entrar, y lo consiguió. Aun así, perdió el equilibrio y se balanceó hacia su izquierda. Héctor, en un instante, entró para coger a su amigo. Disfrutaba teniéndole así, pero no quería que tomara daño.
-Tienes suerte de que ande por aquí-le dijo medio riendo.
Lucas se sintió indefenso pero seguro, no le molestaba que su amigo lo tuviera de aquella manera. Era ciertamente humillante, pero a su lado no le importaba. El ascensor empezó a subir, pero en la planta baja empezó a pararse. Alguien había llamado. Lucas no sabía qué hacer. ¿Cómo iban a explicar que estaba esposado, atado de pies y amordazado?
En un abrir y cerrar de ojos, Héctor sacó su móvil al mismo tiempo que se abrían las puertas.
-¡Y seguimos celebrando el cumple de Lucas!-gritó con una sonrisa de oreja a oreja.
Era una vecina de Héctor, e iba con su hijo pequeño.
-¡Hola Meri! ¿cómo estás?
-Héctor…-dijo la vecina boquiabierta-. ¿Qué estáis haciendo?
-Estamos celebrando el cumple de mi amigo, lo he secuestrado y vamos a beber cerveza y a ver “Forjado a fuego” (como te imaginas, a su novia no le mola la idea, así que lo he secuestrad...