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Fer, ese encantador chaval que acaba siendo un cabrón dominante

Escrito por: Marvinway

16 días
3149 palabras

Tras el divorcio, mi madre estuvo saliendo con un caballero, hombre culto y educado, funcionario superior, quien tenía dos hijos. Uno mayor que yo, que vivía en el extranjero, y otro casi de mi edad. Este, Fer, era un chico alto, 1.87 cm, y delgado, esbelto, moreno, de ojos penetrantes, con algo de perilla y un atractivo indudable. Pijillo que solía vestir de manera informal (vaqueros levis y camisetas vans) y que tenía gran éxito con las mujeres. Chico carismático, guapo, con carácter, algo presumido pero a la vez simpático y divertido; ahora tenía novia pero había tenido muchas aventuras y le encantaban las tías y no perdía oportunidad de babear ante una buena fémina y sus atributos.

Tras el fallecimiento de mi madre, su pareja -padre de este chico- se marchó al extranjero con su otro hijo, así que yo me quedé a vivir con Fer, pues aunque no habíamos convivido demasiado, tras el suceso tuvo el gesto de invitarme a quedarme en su casa para pasar el trance.

Yo llevaba vida hetero, pero en ocasiones había fantaseado con algún tío... Y también con Fer, ese atractivo y alto chico tan arrebatador, con esa pose de chulillo y sobrado que le daba un toque irresistible. En alguna ocasión en que entré al baño a lavarme los dientes y él salía de la ducha pude percatarme de su enorme polla, de la que solía presumir que usaba con multitud de tías, como esas veces de cervezas y fumada con los colegas en la que alguna se pasaba largo rato chupándosela o con aquellas a las que incluso les gustaba que se la metiera por detrás, como me había relatado alguna vez, y el caso es que era verdad.

Tras ese aspecto de chico bien, educado, inteligente, que derrochaba simpatía se escondía un salidillo al que le encantaba el sexo guarro. Le flipaba. Antes de su novia actual, tuvo una etapa bastante promiscua, de empotrador nato. Era guapo, con sentido del humor, carismático, lo sabía y sabía sacarle partido aunque ahora ni siquiera recordase el nombre de muchas a las que se había follado de mil maneras. Incluso en una ocasión tuvo oportunidad de hacer un trío con dos tías. Le encantaba el sexo guarro, las tías buenas, incluso aunque fueran maduritas, las «gargantas profundas» y babeaba y se empalmaba ante cualquier mujer de sinuosas curvas, especialmente cuando se les marcaba todo y se imaginaba comiéndoles el coño, dándoles rabo o estrujando sus nalgas.

Conmigo se llevaba bien, charlábamos mucho, jugábamos a la xbox, pero él hacía su vida, era muy independiente, siempre a lo suyo y con prioridad por aquellas citas en que podía desfogarse y descargar a gusto.

Alguna vez en que mi mirada se fijó en él o en sus partes, Fer siempre mostró esa sonrisilla de suficiencia de quien se sabía bien dotado y con una capacidad de seducción total, pero sin darle mayor importancia.

Un día me encontraba yo bastante mal, con dolor de garganta y malestar general y ...
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Fer, ese encantador chaval que acaba siendo un cabrón dominante

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