Escrito por: Marvinway
685 palabras
Aitor y Andrea eran la típica pareja de treintañeros guapos, altos, atractivos y con un estilo pijo que desprendía superioridad. Vivían en un bonito chalé adosado amplio y elegante, decorado con gusto y ordenado al milímetro, a las afueras de la ciudad. Todo parecía perfecto hasta que Manuel, un viejo amigo de Aitor, se quedó sin alojamiento y pidió quedarse unos días en su casa. Aitor aceptó sin problemas, pero Andrea no estaba nada contenta con la idea.
Manu era un tipo algo tímido, más joven, con un aire inocente y sumiso que contrastaba con la arrogancia natural de la pareja. Andrea, harta de tener que aguantar la presencia de Manu, empezó a buscar cualquier excusa para deshacerse de él. Un día, cansada del supuesto desorden y la falta de colaboración del invitado, decidió que era hora de darle una lección.
—Aitor, estoy harta de tu amiguito. O le pones en su sitio o se larga de aquí —le dijo Andrea con tono autoritario. Aitor, que no quería problemas con su novia, quien tenía un carácter muy fuerte, decidió obedecerla. Llamó a Manu al salón, donde Andrea esperaba sentada en el sofá con una sonrisa maliciosa sabiendo el gustoso espectáculo que iba a presenciar.
—Manu, tío, esto no puede seguir así. Andrea tiene razón, necesitas aprender disciplina. Tienes el cuarto desordenado, no colaboras ni recoges los platos, entras en nuestra habitación sin permiso, invades nuestra intimidad, ya está bien, tío, necesitas una lección —dijo Aitor con voz firme.
Manu, confundido, sorprendido, sin dar crédito ni saber cómo reaccionar, intentó disculparse, pero Aitor no le dejó hablar. Sin previo aviso, lo agarró del brazo y lo tumbó sobre sus rodillas, bajándole los pantalones y bóxer y dejando su culo expuesto frente a Andrea, que observaba divertida.
—¡Aitor, por favor, qué coño haces, déjame, tío, no hagas esto! —suplicó Manu, avergonzado y humillado.
Pero Aitor no escuchó sus súplicas y comenzó a azotarle el culo con fuerza, una y otra vez, hasta que el culete blanquito de Manu se fue poniendo colorado. Andrea, disfrutando del espectáculo, se levantó, fue al cuarto de baño y volvió con un cepillo de madera que le entregó a su novio.
—Toma, cariño, para que aprenda bien la lección —dijo con una sonrisa cruel.
Aitor tomó el cepillo y continuó golpeando el culo de Manuel con dureza, mientras este lloraba y suplicaba clemencia. Andrea, excitada por la humillación del chico, le acercó también una zapatilla, animándole a seguir castigándolo.
—Toma, mi amor, para que se lo apliques en condiciones—se burló Andrea, disfrutando del sufrimiento del joven.
Finalmente, Manu, humillado y lloroso, fue enviado a su habitación con el culo ardiendo y la dignidad destrozada. Se tumbó en la cama, intentando olvidar la humillación sufrida, pero lo peor aún estaba por lleg...