Written by: maduro_usable_asako
1207 words
“Joder, esto es una puta locura ¿Qué coño estoy haciendo?”
Mi cabeza daba vueltas a lo que estaba haciendo. A lo que iba a hacer. O a lo que iba a dejar que hiciesen conmigo, daba igual.
Iba andando por Madrid, dirigiéndome a uno de esos clubs donde los tíos se juntan para follar. Pero yo no iba a follar exactamente. Bueno si. O no, depende. Solo sabía que, si todo salía como pensaba, iba a salir de ese club, horas después, aún más caliente de lo que iba a entrar. Y eso ya era mucho: llevaba 1 semana con mi polla en una jaula de castidad, con las llaves encerradas en una cajita que no podía abrir, la controlaba en remoto un tio, del que, por no saber, no sabía ni su nombre.
Llegué al local con tiempo de sobra. Registrarme en la entrada, desnudarme delante de una taquilla, quedarme con un suspensorio naranja, la jaula debajo, el reloj y nada más. No tengo precisamente un cuerpazo. Para mí, presentarme así en público rodeado de tiarrones, era un esfuerzo, casi una humillación.
Nervios al bajar las escaleras a la hora acordada. Ir hacia el fondo, girar a la izquierda, de nuevo al fondo, otra vez a la izquierda, pasar el laberinto, llevar al cuarto oscuro… Pararme en la puerta del cuarto oscuro, respirar hondo.
Siempre me ha gustado el sexo duro, dirento, sentirme usado, hacer disfrutar. Hacía tiempo que tenía en mi imaginación una fantasía de humillación y vejación pública. La idea de sacar mis gustos del entorno privado, me ponía. Y mucho.
Di con este tío en Xtrud. Parecía la típica conversación que no iba a llevar a nada, pero el tío insistió y me sacó todas mis fantasías, hasta las inconfesables. Ya se sabe, uno se siente cómodo en el anonimato, cuando estás detrás de una pantalla te dejas ir.
Pero esas conversaciones evolucionaron. Me sentía cómodo dejándome llevar, abriéndome a él. Por su parte, solo un objetivo: convencerme para estar tal día en cierto local y ponerme a su disposición.
Ahí, en la puerta del cuarto oscuro, me acordaba de las conversaciones, de lo que me dijo que pensaba hacer conmigo y de una frase que, en realidad, fue la que me convenció “y lo que ni te imaginas que voy a hacer contigo, puta”
Entrar al cuarto oscuro, dirigirme a una esquina concreta, ponerme de rodillas, abrir la boca, bajar la cabeza, poner las manos a la espalda y esperar.
En el local había gente pero aun no estaba lleno. Todos los tíos con los que me había cruzado estaban buenos, buenísimos. Yo no pintaba nada ahí.
Con el corazón a mil, esperé. En realidad poco, debía de haberme seguido o algo. Una polla se puso delante de mi cara, a distancia de sacar la lengua y lamerla (estaba deseándolo) pero antes de eso, bajó la cabeza y me dijo, casi al oído “Me alegro de que hayas venido, puta. Me voy a divertir a tu costa. Date la vuelta”
No hice ningún movim...