Escrito por: aprendizdejuguete
441 palabras
"Vete al baño, desnúdate, entra en uno de los cubículos pero no lo cierres, ponte esta venda en los ojos y quédate de espaldas a la puerta con las piernas separadas y las manos en la pared".
Habíamos conectado en una app de ligoteo y estábamos conociéndonos en la cafetería de un hotel cerca de su casa. Aunque habíamos estado intercambiando fotos y chats muy subidos de tono los días anteriores, la conversación de aquel día había sido hasta ese preciso instante casi virginal.
Me quedé quieto y callado mirándole y él se me quedó mirando también callado.
Al cabo de un rato, con voz firme dijo "si tengo que repetirlo no voy a repetirlo, te voy a llevar yo y va a ser peor".
Era ya tarde, horario pre cena y en la cafetería había bastante gente. Claramente no era un momento elegido al azar.
Me levanté y me dirigí al baño. Me aseguré de que no había nadie por allí, elegí el cubículo más lejano y me coloqué tal cual me había ordenado.
La espera se me hizo eterna, supongo que por la situación en la que estaba. A pesar del ajetreo exterior, todo estaba muy tranquilo en el baño. Todo, excepto yo.
De repente se oyó la puerta y unos pasos. El corazón estaba a punto de salírseme por la boca. Los pasos se fueron acercando y pararon justo detrás de mí. Y silencio.
Otra espera eterna, aunque supongo que fueron un par de segundos. Una mano empieza a sobarme el culo y otra a pellizcarme un pezón. Se me escapa un gemidito de placer.
Las manos se retiran. Cinturón desabrochándose, bragueta abriéndose, escupitajo en la mano, la mano a mi ojete, polla adentro y un grito de dolor y placer silenciado y sofocado por su mano en mi boca.
Tres o cuatro embestidas fuertes, parón, tensión, gruñido, temblores, chorrazo en mi interior, bragueta cerrándose, cinturón abrochándose, azote, pasos que se alejan, puerta que se cierra.
Y allí me quedé escurriendo su leche un rato hasta que decidí que o él era quien se acababa de ir o ya no iba a venir y alguien había aprovechado la oportunidad.
Me quité la venda, me vestí sin ni siquiera limpiarme y salí. Me sorprendió verle en la cafetería sentado en la mesa tranquilamente y él se sorprendió y enfadó cuando me vio. Me hizo indicaciones de que volviese a la mesa con él, me preguntó que por qué estaba allí en lugar de en el baño como me había mandado y, sin darme tiempo a contestarle, simplemente se levantó y se fue.
Nunca llegué a saber si el visitante había sido él o no, aunque supongo que quizás incluso sea mejor así.